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Tras un periodo de tiempo en un mismo lugar, a veces sentimos que debemos irnos una temporada y alejarnos de lo conocido para hallar aquello que necesitamos encontrar. Algo ha cambiado. Ya no nos sirve lo de siempre, lo cotidiano, lo familiar. Dentro de nosotros resuena con fuerza esa necesidad de transformación, de búsqueda, de encuentro. Y por mucho empeño que pongamos en desoír esos sentimientos, sabemos que se quedarán allí, creciendo poco a poco y más y más, hasta que decidamos abrirnos a ellos.

Son momentos en los que todo lo que creíamos que nos bastaría, que era más que suficiente, de repente se convierte en un pequeño recuerdo de lo que éramos y ya no nos retiene de la misma manera en ese lugar.

Y no significa que lo vivido no sea precisamente lo que queremos y necesitamos, ni tampoco que haya algo que esté funcionando mal. A veces, simplemente, el sendero de la vida nos empieza a dar señales de que lo que pensábamos que era una perfecta línea recta es, en realidad, un camino lleno de desvíos por los que sí o sí debemos pasar si lo que queremos es avanzar.

Es entonces cuando se enciende una pequeña pizca rabiosa en el estomago que se enfurruña por tener que cambiar algo que no queríamos cambiar. La decisión de quedarnos estaba más que tomada, acordada y aceptada pero, hoy por hoy, nos damos cuenta de que no podemos seguir así. La pizca enfurruñada deja paso al vértigo previo a las emociones nuevas. Ha llegado el momento de aceptar que lo que debemos hacer es marcharnos… Pero, antes de irnos, es importante recordar que siempre, si es lo que de verdad queremos, podremos volver.

Y es que aunque demos más o menos vueltas, aunque encontremos o no aquello que buscábamos… al final termina por despertarse en nuestro corazón esa añoranza del viajero eterno que quiere volver a su hogar.

Y no se trata necesariamente de regresar a una casa. Nuestro hogar puede ser una persona, un lugar, un sentimiento, un recuerdo, un abrazo, una canción… En definitiva, un nosequé que nos resulta familiar y que nos recuerda quiénes somos y porqué.

Podremos irnos tantas veces como queramos, todo el tiempo que sea necesario, pero siempre, siempre, tendremos la opción de volver. Porque sabemos cuál es el camino de vuelta y, por mucho tiempo que pase, por muy lejos que estemos o incluso por muy perdidos que nos sintamos, encontraremos la manera de seguir nuestro propio rastro y miga tras miga, señal tras señal, conseguiremos volver.

Podremos irnos tantas veces como queramos pero siempre, siempre, tendremos la opción de volver Click Para Twittear

Volver para quedarnos. Volver para marcharnos otra vez. Volver sin saber si será indefinidamente o sin saber si volveremos después.

Pero, para poder volver, primero debemos tomar la decisión de irnos. Y no es nada fácil, ni cómodo, ni siquiera en esos momentos en los que parece que la única opción que tenemos es dejarlo todo atrás y correr lo más lejos posible.

Ese primer paso en el camino contrario de nuestra zona de confort requiere, sin ninguna duda, un nivel de valentía tan alto que nos permita, aún mirando atrás, seguir dando pasos adelante. Y no siempre estamos todo lo preparados que nos gustaría para emprender ese nuevo desvío de nuestro sendero vital. Así que a veces nos resistimos, pero la vida nos sigue apremiando para que sigamos el camino. Y nos resistimos más y más, pero lo único que conseguimos es aumentar esa extraña sensación de que el aquí y el ahora que estamos viviendo ya no es nuestro lugar. Podemos quedarnos todo el tiempo humanamente eterno que podamos allí, en esa encrucijada, clavando nuestros pies para no movernos ni un centímetro. Pero confiando en nosotros y asumiendo la valentía que requiere la nueva aventura que tenemos por delante, llegado el momento, nos atreveremos a dar ese primer paso. Lo que venga después ya se verá, ya que variará según la lección de vida que cada uno de nosotros necesitemos aprender.

Así que el viaje empieza… y dura y perdura sin que nadie pueda asegurarnos cuándo, dónde, cómo, cuánto y porqué. Pero lo que sí compartimos todos es que, irremediablemente, en algún momento de esa travesía alejada de lo que nos resulta cotidiano, sentiremos esa hogareña añoranza que nos indicará que se acerca el final de ese nuevo camino y que pronto podremos volver a lo conocido.

Es por eso que, sabiendo que tarde o temprano se producirá nuestro retorno, no estaría de más asegurarnos de construir un lugar al que siempre queramos regresar.

Debemos construir un lugar al que siempre queramos regresar Click Para Twittear

Un espacio que esté dispuesto a recibirnos con una gran y cariñosa bienvenida, que nos envuelva totalmente para reconfortarnos, que nos acepte y que nos espere. Un lugar con todo lo bonito vivido y con todo lo difícil que hemos aprendido. Un hogar creado por y para nosotros en el que, al regresar a él, podamos ser la persona diferente que ha crecido durante el tiempo que hemos estado fuera pero que, en esencia, seguirá siendo la misma de toda la vida: con sus más y sus menos, con sus virtudes crecidas y trabajando sus carencias, con sus grandes ilusiones y sus terribles miedos.

En definitiva, se trata de crear un punto de encuentro con nosotros mismos que incluso pueda llegar a guiarnos cuando estemos lejos, como si fuese un faro y cuya luz brillase más y más intensamente cuanto más cariño y amor sintamos. Si antes de irnos creamos el mejor lugar de todos, no importa lo que pase durante el camino porque siempre tendremos un bonito rinconcito en el mundo al que regresar.

Te escribo un abrazo,

Maria

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6 comentarios sobre “Volver

  1. Precioso escrito, lleno de sabiduría y certeza!!!! Me encanta tu vuelta y me encanta formar parte de ella. Felicidades Mari por este proyecto tan bonito, lleno de sinceridad y Amor!!!!

  2. Si tenia dudas sobre mi decisión ya no estan..comenzare a transitar mi nuevo sendero..
    Y segura de wue dejo mi lugar calido cuando este lista para regresar.gracias bendiciones

    • ¡Qué ilusión que empieces un nuevo sendero, Soledad! Seguro que aprenderás un montón de cosas y cositas en él y vivirás grandes experiencias 😉 Me alegra mucho saber que este abrazo escrito te ha ayudado a disipar tus dudas 😉 Estoy convencida de que, el día que decidas regresar, ese rinconcito del mundo tan cálido y bonito que dejaste atrás, te recibirá con los brazos bien abiertos :) Muchas gracias por tu comentario, Soledad. ¡Un abrazo grande!

  3. Que seguridad me transmites Maria, qué ánimo de ser uno mismo, de descubrir, de crear, de vivir! Sabiendo que nuestro “refugio” siempre nos estará esperando.. Gracias por tu apoyo Maria! Eres la expresión máxima de la valentía, me encantas!

    • ¡Oooooh, Sonia! ¡Qué bonito! De verdad, me llena de emoción leer tus palabras :) Gracias a ti por tu apoyo, por tu cariño, por compartir tus sentimientos, por transmitir tanto, por estar siempre ahí 😉 Me encanta que personas tan especiales como tú formen parte de Escribiendo un abrazo, haciéndolo más bonito aún. ¡GRACIAS! Te escribo un abrazo enooorme :)

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