Verdad, bondad y utilidad: Sócrates y el triple filtro

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Debo reconocer que filosofía era una de las asignaturas que más me costaba en el instituto y no ayudaba mucho la metodología de mi profesor basada en la lectura del libro y punto. Repetíamos las lecciones una y otra vez y, cuanto más lo hacíamos, mayor era la sensación de no enterarme de nada.

Lunes por la mañana, el reloj marcando las nueve en punto y el profesor, con esa cansada voz que denotaba que hacía algún tiempo que ya no disfrutaba para nada con su profesión, empezaba a leer página por página hasta que sonaba la campana para indicarnos, por fin, que terminaba la clase. Era un auténtico tostón.

Tardé poco tiempo en desencantarme con la filosofía y en sumarme al club de los que no entienden nada. Pero un día todo cambió.

Lunes por la mañana, el reloj marcando las nueve en punto y el profesor… sonrió. Su voz no estaba cansada, al contrario, con un tono muy ilusionado nos contó que se jubilaba. Ese día no abrió el libro sino que atrapó una tiza entre sus huesudos dedos y escribió en la pizarra: verdad, bondad y utilidad.

Como era la primera vez que utilizaba la pizarra, dejamos a un lado el libro y todos nos apresuramos a sacar nuestras libretas y escribir aquellas palabras en los apuntes.

¿Cuántos de vosotros habéis compartido alguna vez un chisme? –preguntó el profesor.

Al ver que nadie se atrevía a alzar la mano, él lo hizo primero.

– Vamos… ¡No puedo ser el único!

Nos miramos unos a otros buscando a nuestros compinches de cotilleos y reímos al levantar finalmente la mano. Todos, sin excepción, lo reconocimos.

– En muchas ocasiones contribuimos a extender chismes, rumores o habladurías sin ser muy conscientes de lo que realmente pueden implicar. Parecen historias o anécdotas sin importancia pero pueden llegar a ser dolorosas o muy molestas para las personas que se convierten en sus protagonistas. ¿Cuántos de vosotros habéis tenido que desmentir algún pesado rumor? –preguntó, alzando su mano.

Aunque más tímidamente, y esta vez sin risas, terminamos todos por reconocerlo también.

– Sé que ya hemos hablado de Sócrates –prosiguió–, pero hoy me gustaría compartir con vosotros una de sus lecciones que más ha cambiado mi vida: el triple filtro.

El profesor nos contó que en aquella antigua ciudad de Atenas llena de pensadores, maestros y discípulos, iba Sócrates paseando por la calle cuando un conocido lo paró y le dijo:

¿Sabes lo que me han contado de tu amigo?

Como el filósofo era sabio y muy respetuoso con los demás, detuvo a su interlocutor antes de que pudiera decirle nada más y le propuso hacerle una pequeña prueba llamada el triple filtro. Si la superaba, podría explicarle todo aquello que quisiera sobre su amigo. El primer filtro de todos es la verdad.

– ¿Estás totalmente seguro de que lo que vas a contarme es cierto? –preguntó Sócrates. El conocido negó con la cabeza.

El segundo filtro es la bondad.

– Lo que vas a decirme de mi amigo, ¿es algo bueno? –preguntó el filosofo mientras su interlocutor negó de nuevo–. Así que lo que quieres contarme no es bueno pero tampoco estás seguro de que sea verdad –reflexionó.

El tercer, y último filtro, es la utilidad.

– ¿Crees que me servirá de algo saber lo que tienes que contarme sobre mi amigo? –preguntó finalmente mientras, una vez más, el interlocutor negó con la cabeza–. Si lo que quieres decirme no es cierto, ni es bueno y ni siquiera va a ser útil para mí, ¿por qué querría saberlo?

En ese momento, sonó el timbre del colegio. A pesar de que se empezaba a escuchar el ajetreo de los alumnos en los pasillos mientras cambiaban de clase, todos continuamos en silencio reflexionando sobre esa pregunta que, pasados miles de años, Sócrates nos había planteado a través de nuestro profesor.

A veces, extendemos rumores sin saber si son verdad, si son buenos o si sirve de algo conocerlos. La mayoría de veces esas historias no pasarían una prueba tan sencilla como el triple filtro de Sócrates pero, aún así, nos empeñamos en seguir expandiéndolas. ¿No sería mejor plantearnos la veracidad, la bondad y la utilidad de las cosas antes de compartirlas con los demás?

Aquel día, cuando salí de clase y me despedí del profesor, me entró cierta nostalgia al pensar que no lo habíamos disfrutado en todo su esplendor. Aquel hombre, que tantas pesadas lecciones nos había dado, posiblemente había sido un gran profesor que había perdido su ilusión. Pero seguro que todos lo recordamos hoy por aquella última clase genial y hoy continuamos aplicando el triple filtro que nos enseñó. Desde aquel día, volvimos a encariñarnos con la filosofía.

Te escribo un abrazo,

Maria

Ante los rumores, aplica el tripe filtro de Sócrates: verdad, bondad y utilidad Click Para Twittear

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10 comentarios sobre “Verdad, bondad y utilidad: Sócrates y el triple filtro

  1. ¡Hola, Maria!

    Tienes toda la razón, muchas veces decimos cosas de las que no estamos del todo seguros, cosas no muy buenas y sin saber si realmente van a ser útiles a quien se las decimos. No conocía el triple filtro de Sócrates pero, ahora que me lo has mostrado, procuraré aplicarlo a mi vida.

    Muchas gracias una vez más por un artículo tan chulo. ¡Un abrazo muy fuerte!

    Marc

    • ¡Muchas gracias, Marc! Me alegro de que te haya gustado el triple filtro y que, a partir de ahora, procures aplicarlo. Yo también estoy en ese momento de aplicación, jeje. A veces cuesta y se me escapa alguna cosita, pero intento siempre reflexionar antes o, si ya es tarde, rectificar después. Si nos proponemos compartir aquello verdadero, bondadoso y útil, seguro que entre todos creamos una corriente de buen rollo donde no tendrán espacio los cotilleos o las habladurías.

      ¡Gracias por tu comentario y por estar siempre!

      Un abrazo grandote, grandote 😉

  2. ¡¡¡¡¡ Genial !!!!! una bella historia y una enseñanza sublime ¡¡¡¡¡

    A partir de ahora observare la verdad, la bondad y la utilidad en todo lo que viva, una buena forma de ser auténtica.

    Gracias Maria, un fuerte abrazo

    Maria

    • ¡Hola, Maria! Cuando nuestro profesor compartió esta historia de Sócrates, fue una auténtica revelación para todos. Desde entonces, procuro aplicar el triple filtro aunque debo reconocer que a veces se me escapa alguna cosita también, jeje. ¡Me alegro mucho de que te haya gustado este abrazo escrito!

      ¡Gracias por estar siempre! 😉

    • ¡Muchas gracias, Sonia! 😀 ¡A mi también me encanta leerte! Es una alegría entrar al blog y encontrarte por aquí 😉

      ¡Te escribo un gran y cariñoso abrazo!

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