Reciclaje vital

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En casa somos muy de reciclar. Queremos contribuir al cuidado del medioambiente con todo lo que esté en nuestras manos, así que no dudamos ni un momento en separar adecuadamente los residuos que generamos y en distribuirlos en los contenedores correspondientes. Vidrio, al verde. Bolsa, al amarillo. Caja de cereales, al azul (pero restos de cereales, al marrón). Esa mancha que nadie sabe qué puede llegar a ser… Por si a caso, al contenedor gris. ¿Tapones de plástico? Los guardamos todos en nuestro bote solidario para Nacho y la investigación de la enfermedad de DENT. Así vamos clasificando uno por uno los productos y materiales que ya no necesitamos. Sabemos que, al hacerlo de esta manera, estamos facilitando la creación de nuevas oportunidades para todo aquello que nosotros no utilizaremos más.

Este tipo de reciclaje tiene enormes ventajas para el planeta y es muy importante para los seres que viven en él. Pero también existe un tipo de reciclaje que, más allá de la correcta distribución de los envases, las botellas y los cartones, se dedica a dar una segunda oportunidad a las emociones, los pensamientos y las vivencias que tenemos. Hoy me gustaría compartir contigo el reciclaje vital.

A lo largo de nuestra vida nos encontramos ante sentimientos, pensamientos, reflexiones, experiencias, personas, situaciones y vivencias que, por un motivo u otro, queremos alejar cuanto antes de nosotros. Es una reacción muy normal rechazar aquello que nos perjudica pero, igual que en el reciclaje tradicional los residuos y desperdicios deben pasar por una serie de procesos para darles una nueva utilidad, este material vital necesita transformarse. No se trata simplemente de tirarlo todo junto a la basura, rápidamente y sin pensarlo mucho (como cuando nos quitamos una tirita), sino que será más beneficioso para nosotros si trabajamos para sacar el máximo partido a cada uno de estos materiales vitales y los gestionamos de manera responsable.

Puede que algunas experiencias sean dolorosas, estresantes o frustrantes y nuestra primera reacción sea deshacernos de ellas cuanto antes. Pero si ya estamos metidos de lleno en la situación, ¿no sería mejor ver la parte positiva de lo que estamos viviendo y aprender? Y sí, sé que dicho así suena demasiado fácil y posiblemente no se ajuste a la realidad de muchas de las historias que hemos vivido pero, si miras atrás, estoy segura de que en tu propia experiencia encontrarás un montón de ejemplos de momentos que parecían imposibles de superar y, sin embargo, hoy quedaron atrás y están más que olvidados. Así que, con el tiempo suficiente, es posible llegar a reciclar aquello que, en un primer momento, sólo teníamos ganas de que desapareciera de nuestras vidas. Y, además, al procesarlo podremos extraer la mejor parte y convertirla en una de nuestras herramientas más eficaces para enfrentarnos a todo lo nuevo que vendrá.

Siempre que sientas que tu corazón esté preparado para ello, colócate ante los contenedores de reciclaje vital y empieza a organizar todo tu material. Quizás hay personas que no quieres que te acompañen en este momento. Quizás tienes sentimientos algo incómodos que los tirarías sin pensártelo pero que pueden ayudarte más adelante a no repetir los errores ya cometidos (y valdría la pena guardar ni que sea un pequeño trocito de ellos en forma de recuerdo). Quizás la experiencia que has adquirido ha sido dura pero, aunque no te guste, te ha aportado la fuerza que necesitas para seguir adelante. Quizás hay cosas que no entiendes y otras muchas que, aunque ya no te sirvan, puedes entregar a personas que sí las necesitan ahora. Existen muchos motivos que te permitirán sacar la parte positiva de lo negativo pero, siempre y cuando, realices tu reciclaje vital. Si decides tirarlo todo al contenedor gris, nunca podrás aprovechar las oportunidades que la vida te da a través del aprendizaje de los momentos más difíciles.

A veces es necesaria una gran limpieza y no tenemos tiempo más que para deshacernos rápidamente de todo. Si es tu situación, ¡adelante! Pero siempre que te sea posible, separa y decide qué quieres hacer con cada uno de los materiales vitales que tienes. Porque, aunque parezca una tarea muy trabajosa, te allanará el camino y te preparará para futuros contratiempos.

Una vez hayas reciclado todo aquello que ya no quieres guardar en tu vida, aparecerá el espacio que necesitas para que llegue todo lo nuevo. Habrás dejado atrás el dolor, el malestar, la negatividad. En definitiva, ¡lo habrás superado! Y, en ese momento, podrás disfrutar de las risas, la alegría, la tranquilidad, el amor y de todo lo bonito de tu alrededor sin tener que cargar una pesada mochila que ensombrecía lo bueno de la vida.

¿Te apuntas al reciclaje vital?

Te escribo un abrazo,

Maria

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6 comentarios sobre “Reciclaje vital

    • ¡Hola, Mr. Kresta!

      ¡Gracias por tu comentario! 😉 A mí también me pasa, con tanto contenedor a veces me hago un lío… Pero practicando todo se consigue 😀

      ¡Espero que tengas un gran día!

      Te escribo un abrazo,

      Maria

  1. ¡Hola, Maria!

    Fantástico artículo, siempre nos sorprendes.

    Después de leerlo, me doy cuenta de que siempre tiro todos mis sentimientos y pensamientos al mismo contenedor. A partir de ahora procuraré empezar a poner cada uno en el contenedor que le toca, igual que hago con los residuos físicos.

    Muchas gracias por explicarnos cosas tan complejas con palabras tan sencillas y bonitas.

    Un gran abrazo,
    Marc

    • ¡Hola, Marc! 😀 ¡Qué bien que te animes a apuntarte al reciclaje vital! 😉 Me alegra saber que a partir de ahora procurarás organizar tus sentimientos y pensamientos, espero que hacerlo te sirva para sacarles el máximo provecho. ¡Gracias por tus palabras tan bonitas!

      ¡Un abrazo grandote, grandote!

  2. Maria, es muy interesante reciclar emociones y vivencias que seguro nos darán una experiencia buenisima para el futuro. Eso es la VIDA!!!!

    • Siii, es muy interesante poder reciclar aquello que a veces pensamos que deberíamos tirar directamente. De todo se puede aprender y sacar algo positivo 😉

      ¡Gracias por tus palabras!

      ¡Un abrazo! 😀

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