Personas chocolate

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Estaba sentada en el último vagón del tren en mitad de un día gris cuando aquella mujer entró por la puerta y, de todos los asientos vacíos que tenía a su alrededor, decidió elegir el que estaba a mi lado. Había algo en ella que llamaba la atención de todas las personas que estábamos allí. No era su manera alegre de andar ni su particular estilo al vestir. Había algo más. Se acercó con paso decidido y, antes de sentarse, me regaló uno de los mejores ‘buenos días’ que he recibido jamás. Ante su enérgica y cariñosa voz no pude evitar dejar al lado mi mustia expresión y sonreír.

Ahora mi día ya ha valido la pena –respondió ella a mi sonrisa.

Si su saludo ya me había alegrado el corazón, su posterior explicación me cautivó. Era ella quien me había arreglado el día pero, sin embargo, verme sonreír le había dado valor al suyo.

Ese pequeño momento en el tren me enseñó que, en realidad, se necesita muy poco para hacer feliz a los demás y que, tristemente, nos olvidamos muy a menudo de que tenemos ese poder. Nos esforzamos más en meternos en esa corriente de desgana general que en dejar aflorar lo que nos pide el corazón y sentimos de verdad. Aquella mujer mostraba su corazón tal cual era y eso la hacía muy especial. Bajé del tren con una sensación muy agradable y lo que se presentaba como un auténtico día gris empezaba a mostrar un montón de colores. Sentí que me había encontrado con una persona chocolate.

Seguramente ya las había conocido antes pero ese día, en el último vagón de aquel tren, era el primer recuerdo que tenía en mi mente de una persona chocolate. Decidí llamarlas así porque, al igual que un pedacito de ese delicioso cacao, actúan como pequeñas píldoras de felicidad. Son personas con auténtica personalidad y que se permiten mostrar lo mejor de ellas sin importar lo que piensen los demás. Suelen ir contracorriente por cuidar más de los otros que de su propio ombligo y normalmente se cruzan en nuestra vida en breves espacios de tiempo. Esto último las hace aún más mágicas porque, sin conocerte, te tratan como si fueras alguien realmente especial para ellas porque así lo sienten. Ven el verdadero valor de los demás y contribuyen a crear un mundo mejor y más feliz a través de su manera de ser y hacer.

Desde mi encuentro en el tren, decidí fijarme más en aquellas personas chocolate que, sin duda alguna, se escondían detrás de pequeños gestos cotidianos. Así descubrí al joven camarero de la cafetería de la plaza que siempre recibía a los clientes con un enérgico “Hola, familia, ¿qué os pongo?” o a la compañera de trabajo que siempre devolvía los documentos con notitas personalizadas en post-its llenos de cariño. La delicadeza con la que trataba los alimentos el cajero del supermercado lo convertían en una auténtica persona chocolate, igual que la panadera que siempre daba el croissant más grande o el perrito saltarín que no podía evitar mover su cola rápidamente cuando alguien se acercaba a saludarlo.

En el fondo, todos podemos ser personas chocolate, sólo tenemos que permitirnos compartir más de nosotros y dejarnos guiar por lo que nos pide el corazón. Estoy segura de que si lo hiciéramos así, lo más habitual sería cuidar unos de otros, nos entenderíamos mejor y respetaríamos nuestras diferencias. Nos acompañaríamos en los buenos y en los malos momentos y siempre estaríamos dispuestos a ofrecer nuestra ayuda a quien la necesitase o, si somos nosotros quien la requerimos, encontraríamos una mano amiga que nos animaría a seguir adelante. La alegría crecería más y más ya que juntos la alimentaríamos con pequeños grandes detalles. Y así seríamos todos más felices, como si hubiéramos comido un delicioso trocito de chocolate.

A veces un simple ‘buenos días’ de corazón puede cambiar mucho más que tu día.

Te escribo un dulce abrazo,

Maria

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6 comentarios sobre “Personas chocolate

  1. Que bonito Maria! Persona chocolate, que además me apasiona!! Yo me considero una de ellas, me alimento de la sonrisa ajena, si Señora! Me cautiva la sensibilidad de las personas chocolate.. Mi hijo con 5 años ya se ha vuelto una de ellas, lo que me hace vivir en la felicidad más absoluta y coger todavía más empeño para seguir repartiendo dulzura, que siempre siempre se torna recíproca.. Te mando el abrazo más dulce que puedas imaginar!

    • ¡Hola, Sonia!

      Ooooooh, ¡me encanta saber que tu hijo, tan pequeñín, tiene un corazón taaan grande! 😀 Con la mamá que tiene no podía ser de otra manera, ¡un par de chocolatines los dos! 😉

      Me hace muy feliz saber que existen tantas personas chocolate. Gracias a ‘Escribiendo un abrazo’ he conocido a muchas (y sin duda alguna tú eres una de ellas) 😀 Me suele afectar mucho la maldad, las mentiras, las injusticias, las faltas de respeto y de empatía, etc., y cuando me cruzo con varias personas así no puedo evitar soltar un enorme y cansado “Buuuufffff”. Pero siempre termino encontrado personas chocolate que me recordáis lo bueno y bonito del ser humano y ese regalo que me hacéis es irreemplazable, ¡GRACIAS!

      ¡Qué ilusión recibir ese abrazo taaan dulce! ¡Muchas gracias, Sonia! Ahí va otro abrazo graaande 😉

    • ¡Hola, Javier!

      ¡Qué alegría que te haya gustado la reflexión de este abrazo escrito!

      Esos pequeños grandes detalles pueden cambiar muuuchas cosas más de las que imaginamos y, sin duda, se crea un efecto en cadena tan bonito que deberíamos alimentarlo siempre con más y más cariño y chocolate 😉

      ¡Gracias por tus palabras!

      ¡Un abrazo, Javier!

  2. ¡Hola, Maria!
    Un artículo muy chulo, como ya nos tienes acostumbrados. Además, me gusta mucho que nos lo expliques todo desde tus propias vivencias, ya que hace que sea mucho más práctico. Y aunque yo no sea de comer mucho chocolate, a partir de ahora voy a fijarme en las personas chocolate, tal como las has definido en el post.
    Muchas gracias por compartir tus experiencias, son muy enriquecedoras.
    Te escribo un gran abrazo,
    Marc

    • ¡Hola, Marc! 😀

      ¡Tuuuuu eres la persona chocolate por excelencia! Gracias por recordarme cada día lo más bonito de la vida :) Me alegro mucho de que empieces a buscar más personas chocolate porque seguro que encontrarás un montón, aunque a veces parezca que pasen más desapercibidas.

      ¡GRACIAS por ser tú!

      T’estimo,

      Maria 😀

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