Una patata y la maldición del pensamiento limitador

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Desde hace algunos años, una maldición en forma de pensamiento limitador nos ha acompañado: “En casa, no sobreviven las plantas”. Y es que desde que creamos nuestro hogar con Marc, ni una de las plantas que había convivido con nosotros había conseguido disfrutar de la siguiente estación… Al principio, intentamos convencernos con un sinfín de argumentos del estilo “las plantas de invernadero no resisten los cambios” o “el clima es demasiado cálido”, pero los dos sabíamos que ese tipo de justificaciones no eran reales. Así que dejamos de buscar explicaciones fuera y nos centramos en nosotros. ¿Regábamos las plantas lo suficiente? ¿Les faltaba sol? ¿Habíamos elegido la tierra correcta? ¿Era nuestro hogar el sitio adecuado para ellas? Después de intentarlo muchas veces, llegamos a la conclusión de que, aunque se nos daban bien los animales (nuestras tres bolitas de amor perrunas eran el mejor ejemplo de ello), las plantas no y debíamos salvarlas de nuestra terrible mano para cuidarlas. Fue entonces cuando empezamos a pedir a familiares y amigos que se abstuvieran de regalarnos ninguna más y decidimos dejar de lado nuestro jardinero interior. Así de triste era nuestra plantada situación.

Pasaron unos cuantos años hasta que, un buen día, mi hermano nos sugirió que plantásemos semillas. Desde hacía algún tiempo, se había dedicado a crear un pequeño huerto en el que crecían legumbres, ajos y lechugas. Pero viviendo en una región donde la climatología tenía sus más y sus menos, el frío del invierno dificultó el crecimiento de su proyecto. Por eso, cuando venía a visitarnos a casa y comprobaba el buen clima del que disfrutábamos, intentaba convencernos de que teníamos las condiciones perfectas para crear nuestro propio huerto. En un primer momento, descartamos la idea de inmediato. ¿Cómo podrían sobrevivir esas pequeñas semillas a nuestra poca habilidad agricultora?

La maldición seguía muy presente y las macetas, muy vacías. Pero, poco tiempo después, una patata escondida debajo de todas las demás, empezó a germinar y lo cambió todo. Supongo que, como ya no teníamos nada que perder, decidimos intentarlo una vez más y plantamos esa pequeña semilla de esperanza. Nuestra sorpresa fue que, en pocos días, ¡una plantita surgió de entre la tierra de la pequeña maceta!

Hoy en día ya son varias las plantas que han crecido y siguen viviendo en casa, así que parece que la extraña maldición que nos autoimpusimos ha desaparecido. Y es que en muchas ocasiones dejamos que las circunstancias y las malas experiencias condicionen nuestras opciones y posibilidades. Estábamos tan seguros de nuestra mala mano con las plantas que decidimos, aunque nos encantaban, renunciar a ellas. Permitimos que una pequeña idea se fuera reforzando una y otra vez hasta que se convirtió en un condicionante muy real. Nos estábamos limitando sin quererlo ni saberlo y habíamos alejado cualquier otro razonamiento que pudiera desmontar ese negativo pensamiento. ¿Cuántas veces solemos hacer esto?

Claro que nuestra experiencia no nos ayudó a ver la situación desde una mejor perspectiva, pero creo que nuestro mayor error fue dejar de intentar algo que queríamos hacer. Con el tiempo descubrimos que podíamos lograr aquello que nos parecía imposible pero, aún así, tuvimos que hacer un trabajo extra al desmontar en mil pedazos las ideas limitantes que habíamos hecho arraigar en lo más profundo de nuestro pensamiento. Fuimos duros con nosotros mismos y, aunque intentábamos tomárnoslo con humor, sentíamos una carga algo pesada cuando teníamos el claro convencimiento de que nuestro hogar no era apto para plantas.

Lo más triste de todo es que somos muchas las personas que nos dejamos arrastrar por este tipo de pensamientos. Más allá de las plantas, ¿quién no se ha desvalorado ante un reto que le parecía difícil? ¿Quién no se ha sentido menos por hacer las cosas de manera diferente? ¿Quién no ha desistido antes de tiempo por sus propias inseguridades? Y, lo peor de todo, es que en vez de hacer caso a ese piloto rojo que se enciende cuando estamos a punto de limitarnos y que en grandes letras nos recuerda “¡Vamos, tú puedes!”, pasamos de largo y reforzamos lo que nos hunde en vez de parar en seco la vorágine de negatividad que viene al enlazar un pensamiento de este tipo con otro de igual o mayor calibre.

Tendemos a puntuarnos a la baja, a no vernos con buenos ojos, a no creer en lo mejor que tenemos dentro. Somos demasiado exigentes con nosotros mismos y no nos damos tregua. Y pobres si nos equivocamos una vez. O dos. O tres… Los errores se convierten en hormigón armado dentro de nosotros y pesan el doble, como si la Ley de la Gravedad interior tuviera unos parámetros más densos.

Deberíamos cuidarnos más y aceptarnos con nuestros más y nuestros menos. Tener paciencia y darnos tiempo. Aprender de los errores y no recriminarnos tanto por ellos. Reforzar lo bueno y mejorar lo malo. Y, sobretodo, deberíamos confiar más en nosotros mismos y creer menos en aquello que nos hace dudar de lo que podemos llegar a conseguir. Porque somos los magos de nuestra vida y no siempre una pequeña patata podrá romper la más feroz de nuestras propias maldiciones.

Te escribo un abrazo,

Maria

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6 comentarios sobre “Una patata y la maldición del pensamiento limitador

  1. ¡Hola, Maria!
    Un artículo muy inspirador, como siempre. Muchas veces tenemos pensamientos limitadores que, en la mayoría de ocasiones, nos hemos impuesto nosotros mismos. Este post es una bonita manera de describirlo para que podamos evitarlo. ¡Felicidades por tu primera patata!
    Te escribo un fuerte abrazo,
    Marc

    • ¡Hola, Marc!

      No sé porqué pero muchas veces nos limitamos y nos saboteamos para que no podamos conseguir aquello que realmente queremos. Creo que lo más importante en este sentido es revisar nuestras creencias y darnos cuenta de cuáles son vigentes y cuáles se han convertido en una piedra en nuestro camino. Una vez identificadas, podremos continuar adelante sin que nada ni nadie (ni nosotros mismos) nos impida hacerlo.

      Me alegro mucho de que te haya gustado el abrazo de hoy y que te haya parecido inspirador 😀 ¡Muchas gracias por tu comentario!

      Te escribo un gran abrazo,

      Maria 😉

  2. Que post tan inspirador!!!! Con un simple ejemplo has logrado describir uno de los principios fundamentales de la vida, “la confianza”. Esa que se necesita para seguir adelante, esa que te hace esperar con ilusión, ese pequeño brote verde que te llena de esperanza y hace que tu vida se llene de magia. Gracias María por tan reveladora reflexión!!!! Felicidades por tanta sabiduría, un privilegio!!!!

    • Ooooh,¡qué bonito! 😀 ¡Muchas gracias por tus palabras y por compartir tus reflexiones aquí!

      Estoy totalmente de acuerdo contigo con que la confianza es uno de los principios fundamentales de la vida. A veces entramos tan profundo en nuestros pensamientos que, si no somos conscientes de ello y estamos con los ánimos un poco bajos, podemos caer en una espiral de negatividad que nos impide ir más allá. Mantener nuestra confianza en los niveles óptimos de positivismo nos permitirá conseguir todo aquello que nos propongamos 😀

      ¡Te escribo un gran abrazo!

  3. Hola María,

    jeje. ¿Será que te has metido en mi cabeza?

    Yo también soy de animales y niños, pero en mi mano las plantas mueren.

    Decidí como tú derribar esa creencia y ahora me acompañan varias macetas.

    Eres transparente como el cristal y muy inspiradora, gracias por esta gotita de iluminación en medio de la rutina de lunes.

    Un abrazo.

    • ¡Hola, hola, Séfora!

      ¿Así que ya somos dos valientes que nos animamos a cuidar de las plantas? ¡Genial! 😉 Me alegra mucho saber que derribaste esa creencia y que ahora ya tienes varias macetas, ¡iujuuu! Seguro que con el tiempo conseguiremos que todas las plantas que lleguen a casa encuentren en ella su hogar.

      ¡Muchísimas gracias por tus palabras y por comentar tus impresiones aquí! 😀 Es muy bonito saber que, a través de las palabras, podemos llegar a los corazones de las personas que nos leen y compartir experiencias e ilusiones 😉

      ¡Qué bien haber iluminado un poquito la rutina del lunes!

      ¡Ahí va un abrazo graaande! 😀

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