Inversores vitales

Inversores vitales escribiendo un abrazo
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No puedo evitar pensar que la vida pasa demasiado deprisa. En un abrir y cerrar de ojos dejamos de ser niños, en un suspiro atravesamos la adolescencia y, un buen día, un latido certero nos confirma que ya somos adultos. Cuando nos damos cuenta de esa velocidad, surge el deseo irreprimible de querer pararlo todo, de que cada segundo cuente un poco más, de que el día tenga como mínimo 27 horas, de que los veranos se alarguen hasta octubre, de que, de repente, no sea Navidad y ya haya pasado un año más.

Después de intentar retener la vida en un solo momento, tardamos bien poquito en darnos cuenta de que nuestra hazaña es imposible y que lo único que hemos conseguido parar, entre una cosa y otra, es a nosotros mismos. La vida sigue siempre adelante, independientemente de lo que hagamos para que no sea así. Pero, ¿eso significa que debamos resignarnos y aceptar que todo pasará muy rápido? Pues, ¡la verdad es que no! Quizás no podremos detenerla como si fuésemos un superhéroe cuyo gran súperpoder sea el control del espacio-tiempo, pero he encontrado el secreto para hacer que la vida se expanda al máximo y podamos disfrutar de ella todo lo posible, ¿te gustaría descubrirlo?

El secreto para tener una vida expandida es… ¡convertirnos en inversores vitales!

Un buen inversor no es aquel que posee el mayor capital, ni el que conoce todas las grandes oportunidades que ofrece el mercado para no perderse ninguna. No es el que sabe hacer los análisis más complicados, ni el que consigue información privilegiada… Lo que convierte a un inversor en uno de los mejores es su capacidad de sacar el máximo rendimiento a los recursos que tiene, sean los que sean. Y, en la vida, el capital que tenemos como inversores no es el dinero, es el tiempo, y dependerá únicamente de nosotros qué hagamos con él y a qué lo destinemos para conseguir el máximo beneficio de lo vivido.

Quizás, alguien podría argumentar que, por desgracia, tenemos un tiempo limitado que ni siquiera sabemos cuánto es y que no vale la pena tanto lío ni hacer nada más extraordinario que dejar que siga su curso. Y sí, es verdad, debemos ser conscientes de que, a diferencia del dinero, no podremos ganar más minutos en una lotería ni trabajar para conseguir más horas. Pero existe una característica temporal preciosa que se convierte en un auténtico regalo si somos conscientes de ella y sabemos valorarla como se merece: el tiempo se expande y se encoje según la intensidad de lo que vivimos.

Seguro que en más de una ocasión te habrás dado cuenta de que el tiempo vivido no se correspondía al transcurrido en un reloj. Una mirada llena de amor, un rojizo atardecer otoñal, un viaje a un lugar al que puedes llamar hogar aunque acabes de llegar… Son momentos en los que no importa el cuánto sino que lo que tiene un auténtico valor es el cómo. Y será ese “cómo lo vivamos” lo que nos permitirá convertir en minutos lo que sentimos en un pequeño suspiro, en horas la postal que nos regala el cielo y en siempre a ese nuevo hogar.

Como inversores vitales tenemos la oportunidad de decidir dónde destinar nuestro capital temporal. Si queremos hacer de nuestra vida un viaje inolvidable, las mejores inversiones de todas serán, sin duda alguna, aquellas en las que dediquemos nuestro tiempo a ser felices. Es aquí donde el corazón tiene un papel fundamental y nuestro único trabajo será confiar en él para que nos conduzca por el camino hacia la felicidad. Y es que en muchas ocasiones nos dejamos arrollar por lo urgente de nuestro estresante día a día y dejamos a un lado nuestra verdadera razón de ser, el porqué estamos aquí. Y, para colmo, en medio de todo ese batiburrillo y caos, aún olvidamos más rápidamente que está en nuestras manos conseguir todo aquello que nos propongamos. Hemos venido a ser felices y eso depende única y exclusivamente de nosotros. Así que, por muy complicado que sea, por muy inoportuno que parezca, podemos hacerlo, podemos apartar todo lo que resulta superficial para dejar lugar a lo que queremos de verdad.

Pero aunque tengamos esta capacidad, ser buenos inversores vitales no siempre es sencillo. Y es que, posiblemente, nos tocará ir a contracorriente, y eso requiere una dosis de valentía muy elevada. Aunque nuestra vida es nuestra y de nadie más, a veces resulta difícil no dejarse llevar por lo que piensan o dicen los demás, por lo que se espera de nosotros o incluso por lo que nosotros mismos creemos que debemos hacer en realidad. De nuevo, ante estas situaciones sólo debemos recordar una cosa: corazón. Él sabrá guiarnos, él nos permitirá hacer valer nuestro propio criterio, él nos dará fuerzas para seguir nuestra propia corriente, aunque a veces vaya muy en contra de todo lo demás. Así que, cuando tengamos dudas de ello, sólo debemos escuchar a nuestro corazón, que nos lo recordará siempre. Y, cuando decidamos verdaderamente seguir nuestro propio camino, no estaremos solos, porque empezaremos a encontrarnos con todos aquellos valientes que, como inversores vitales que son, también viajan a contracorriente.

Las mejores inversiones vitales, así pues, serán aquellas en las que dediquemos nuestro tiempo a seguir nuestro corazón para ser felices. Pero, además, en este tipo de inversiones existe una bonita premisa que hará que aumenten enormemente nuestros beneficios vitales: todo lo que compartimos con los demás crecerá exponencialmente. Por eso es tan importante dar amor cuando queremos rodearnos de más amor, repartir sonrisas cuando necesitamos más alegría, abrazar mucho cuando cuidamos con ternura a los demás. Todo ello crecerá más y más cuanto más lo compartamos con las personas que nos rodean y, así, conseguiremos inundarnos de todo lo bueno y expandir nuestra vida todavía más.

Al final, lo que de verdad importa es hacer que nuestro tiempo aquí cuente y eso sólo lo conseguiremos disfrutando al máximo lo que estamos viviendo. Por eso, baila, corre, canta, besa, sueña, siente, escribe… ¡haz todo lo que llene de felicidad tu corazón! Porque eres el mejor y único inversor de tu vida. Así que recuerda siempre, siempre, invertir en aquello que te haga realmente feliz.

Te escribo un abrazo,

Maria

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4 comentarios sobre “Inversores vitales

  1. Me encanta Maria! Que oportuno este abrazo, justo ahora que me he convertido en mi mejor inversora vital, ahora que cada minuto cuenta, que soy tan consciente de la vida que sólo me dedico a lo que dé verdad me importa y me siento más feliz que nunca.. Hablaba con una amiga y le decía que he sido capaz de comprar el tiempo, no sabía definir la sensación como tu lo has dicho, inversora vital!! Sigue así Maria, me hace feliz leerte

    • ¡Oh, Sonia, qué bonito! Me alegra muchísimo saber que eres una auténtica y gran inversora vital 😀 ¡Gracias por tu valentía y por decidir seguir tu corazón y hacer aquello que realmente te improta! Eres una verdadera inspiración para todos y me hace una ilusión enorme que seas tan feliz 😉

      ¡Muchas gracias por tu cariñoy apoyo, por tus bonitas palabras y por compartir con todos tu preciosa experiencia de vida!

      ¡Te escribo un abrazo enorme!

  2. Es maravilloso como interpretas el tiempo, invertir en él es el único camino posible hacia la felicidad!!!! Esto me ha hecho reflexionar!!!! Gracias Maru!!!!

    • ¡Qué ilusión que este abrazo escrito te haya gustado y te haya hecho reflexionar sobre el tiempo y cómo lo invertimos! 😉 Gracias por tus palabras y por compartir un trocito de tu tiempo con este proyecto 😀

      ¡Por una vida llena de grandes inversiones!

      ¡Te escribo un gran abrazo!

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