El ojo bueno

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Pues resulta que tengo el ojo bueno. No un bueno ojo, ese que te permite percibir las cosas tal y como son, sin trampa ni cartón. No. A mí me tocó el ojo bueno, el que ve la bondad de las personas por encima de todo. Y aunque es un buen ojo, porque me permite descubrir grandes corazones bajo primeras impresiones equivocadas y fachadas despistadas, de esas que intentan desviar la atención a través de una imagen mal creada, su incansable búsqueda de la bondad también me ha impedido ver venir grandes fiascos y me he llevado importantes decepciones.

Como bonachón que es, mi ojo confía en lo que ve desde el corazón y muchas veces, por no decir prácticamente siempre, deja de lado lo que el cerebro intenta explicarle a través de la razón. Se da la oportunidad de mirar y sabe que cuando mira está viendo más allá de lo que otros ojos pueden llegar a ver. De esta manera conoce la esencia de quien tiene delante, sin tener en cuenta nada más, apartando ruidosas experiencias, recuerdos, errores o malentendidos y escuchando lo verdaderamente importante, lo que le dice el corazón de quien mira. Y el corazón le habla, alto y claro, expresándose con total libertad por no sentirse juzgado, limitado o condicionado. Descubre magia y es realmente precioso.

Pero no siempre lo que ve es todo lo que es. Sin duda alguna todos y cada uno de nosotros guardamos bondad en nuestro corazón, pero existen un sinfín de situaciones que pueden obligarnos a construir muros que protejan precisamente lo más bueno y puro que tenemos y que nos lleven a actuar fuera de lo que realmente somos. Las piedras que nos rodean a veces las encontramos en las canteras de una vida revuelta o de circunstancias demasiado contrarias. Y si las apilamos más y más, y no somos muy conscientes de ello, podría llegar el día en el que nos quedemos totalmente aislados detrás de unos enormes y gruesos muros que debemos resguardar con hostilidad. Lo que en un principio era un mecanismo de protección empieza a convertirse en nuestro día a día habitual. Esta nueva manera de actuar no se corresponde con lo que guardamos de verdad en nuestro corazón, sino todo lo contrario, pero aún así nos hace olvidar lo bueno que tenemos y somos.

Ver sólo la bondad y no tener en cuenta todo lo demás es también alejarse de la realidad. Sí que es una bonita visión de las personas pero todos tenemos de todo un poco. Sé que mi ojo bueno tiene la mejor de las intensiones y no quiere que me pierda nada bueno y maravilloso. Pero a veces se olvida de que no podemos ver sólo una parte sino que deberíamos intentar observar la totalidad. Es genial tener la capacidad de descubrir aquello que se esconde tras los grandes muros pero también necesitamos de ese buen ojo que con su capacidad de análisis puede decirnos si lo que estamos dejando a un lado es en realidad lo que más deberíamos observar.

Algunas personas pasan algún tiempo perdidas. Su vida ha dado tantas vueltas que, desorientadas como están, no se recuerdan y, a veces, incluso, en mitad de ese perdido mareo se empeñan en fastidiarse más y más y en arrastrar con ellas todo lo que esté a su alrededor. El ojo bueno posiblemente pase por alto todo esto y se empeñe aún así en sacar a relucir el corazón bonachón de quien tiene delante, intentando pasar por alto desencuentros y desalientos. Pero no siempre podemos intervenir y, en ocasiones, aunque cueste, aunque duela, la mejor opción es alejarse un poco para que cada uno viva lo que debe vivir. El buen ojo nos recordará que quizás es el proceso que deben seguir y que seguramente hay algún motivo más que desconocemos para historias y actitudes que no alcanzamos a comprender. Pero, por otra parte, mi ojo bueno, siempre lleno de esperanza y viendo las mejores posibilidades, me impide muchas veces darme cuenta de esto y termino arrollada por locuras diversas que nada tienen que ver conmigo pero que con la mejor de las voluntades me esfuerzo por intentar resolver. Sólo quiero ayudar y el bueno de mi ojo me disuade de ver que no siempre es ni el momento ni el lugar.

Y es que, cuando estamos pasando por un mal momento, a veces necesitamos hundirnos, equivocarnos, perdernos y pifiarla hasta más no poder. Rodearnos de lo que no queremos. Estar solos, tocar fondo. Sentir que ya no queda nada que perder. Necesitamos no tener a nadie que nos recuerde lo bueno que hay en nosotros porque debemos ser nosotros mismos los que nos descubramos así de buenos. No sé porqué pero a veces necesitamos esto. Y si estando así alguien intenta acelerar el proceso para ayudarnos a estar mejor, suele terminar por producirnos el efecto contrario. Pero cuando por fin estamos preparados para salir de allí, para tirar abajo todos los muros que hemos construido, es entonces cuando estaremos preparados para vernos en el ojo bueno de alguien que tenga la capacidad de recordarnos que nuestra esencia, a pesar de todo lo vivido, sigue ahí. Necesitaremos ese ojo bueno que es capaz de encontrar de lo malo lo bueno y de lo bueno lo mejor. Ese que, pase lo que pase, nos permite reflejarnos en una mirada llena de amor. Ese ojo que nos comprende, nos acepta y nos da la oportunidad de empezar de cero y hacerlo mejor.

Si tú también tienes el ojo bueno recuerda que es un bonito regalo que siempre nos mostrará la parte más bonachona de todo lo que nos rodea. Y sólo debemos tener presente que, a veces, será mejor complementarlo con el buen ojo para que podamos observar la magia de la vida en su totalidad, con todos y cada uno de sus preciosos matices.

Te escribo un abrazo,

Maria

El ojo bueno ve la bondad de las personas por encima de todo Click Para Twittear

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4 comentarios sobre “El ojo bueno

  1. Muy interesante este artículo, tienes una sabiduría innata de la cual te nutres pero a la vez tienes la capacidad de transmitirla. Es un don y a través de este blog llenas nuestros días de reflexiones las cuales a su vez nos hacen cada día un poquito más sabios!!! Gracias Maru!!!!

    • Ooooix, ¡muchas gracias, mamuchi! 😀 Jooo, ¡qué bonito!

      Me alegro muchísimo de que los abrazos del blog lleven a la reflexión y poderlos compartir con vosotros me hace muy feliz :)

      ¡GRACIAS por estar siempre!

      ¡Un abrazo enorme!

  2. Que felicidad me transmiten tus palabras Maria!! Muchas gracias! Yo también tengo el ojo bueno, pero además es tan bueno que ve cumplir sueños.. Me encanta leerte, me siento tan reflejada en tus palabras, te mando un abrazo agradecido por toda la felicidad que repartes! ?

    • ¡Hola, Sonia! 😀 Aiiii, ¡muchas gracias! ¡Qué ilu saber que los abrazos escritos te transmiten felicidad! Creo que es de los mejores cumplidos que pueden hacerle a una escritora de abrazos 😉 Sabía que alguien tan especial como tú debía tener el ojo bueno y me encanta que su bondad te permita ver algo taaan bonito como los sueños cumplidos.

      ¡A mí también me encanta leerte! Tus preciosas palabras siempre me dibujan una gran sonrisa muy feliz 😀 ¡GRACIAS por hacer de Escribiendo un abrazo un proyecto tan bonito!

      ¡Ahí va otro abrazo agradecido por tu apoyo, cariño y dulzura!

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