Cómo superé el Síndrome del Sacapuntas (Parte I)

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Hola, soy Maria y lo reconozco… he tenido, tengo y tendré el Síndrome del Sacapuntas.

Cuando retrasamos irracionalmente lo que debemos hacer para realizar tareas que, en realidad, no tendríamos que estar haciéndolas en ese preciso momento, estamos ante el Síndrome del Sacapuntas. Es lo que, habitualmente, se conoce como procrastinación y su consecuencia más directa es impedirnos alcanzar aquello que nos proponemos hacer. ¿Te ha sucedido alguna vez?

Todos, en un momento u otro, hemos tenido que luchar contra la pereza, la falta de motivación, el miedo y los bloqueos que nos impiden ponernos en serio a trabajar en aquello que queremos. A mí me pasa continuamente y sé que, por mucho que intente evitarlo, me volverá a pasar en un futuro. Pero lo importante es encontrar maneras de superarlo y, a base de ponerlas en práctica, decidir qué estrategia es la que nos irá mejor en cada momento.

Así que, si tú también estás o has estado tan sacapuntero como yo, espero que los consejos que comparto a continuación te ayuden a dejar atrás la procrastinación y te impulsen a conseguir todo aquello que te propongas. Personalmente, a mí me han ido genial para centrarme y dejar de una vez de sacar punta a todos y cada uno de los lápices de mi vida que se presentan, precisamente, cuando me propongo ponerme a trabajar en algo concreto. Como soy un claro ejemplo sacapuntero, he probado un montón de cosas y cositas y he encontrado bastantes soluciones que me gustaría compartir contigo. Así que, para que mientras leas este abrazo escrito no se te haga muy largo (y tengas la tentación de procrastinar), lo he dividido en dos partes.

Quizás algunos consejos ya los conoces de El Síndrome del Sacapuntas (abrazo escrito que te recomiendo que leas si aún no lo has hecho 😉 jeje), pero aquí encontrarás unos cuántos más, ¿te apetece descubrirlos?

El primer paso de todos es reconocerlo así que, repite conmigo: “Yo, (nombre molón que te pusieron tus padres), he procrastinado y voy a dejar de hacerlo”. ¡Así de sencillo! Además, la procrastinación tiene esa curiosa particularidad de terminar cuando empiezas a trabajar, ¡jeje! Así que con el mismo impulso con el que has reconocido ser un sacapuntero, no lo pienses más y ¡ponte manos a la obra ahora!

Pero, a veces, con sólo tomar la decisión no es suficiente. Puede que tengas un montón de tareas por delante y que, al pensar en ellas, se conviertan en una gran montaña difícil de escalar. ¿Sabes cuál es el secreto para subir al Everest? Pues, ir paso a paso. Prueba de establecerte metas más pequeñas que puedas cumplir pero que, a su vez, representen pequeños retos que al conseguirlos te acerquen a tu objetivo. Por muy grande que parezca la tarea que tienes por delante, siempre podrás dividirla en partes más pequeñas y, al hacerlo, aumentará tu sensación de ir avanzando, además de organizar mejor tu trabajo.

Y, precisamente, la organización es una de tus mejores aliadas contra la procrastinación. Además de establecerte metas, intenta empezar por las tareas más importantes o las que requerirán una mayor concentración. A medida que pasa el tiempo que dedicamos a una actividad, solemos sentirnos más cansados. Por eso, si primero hemos hecho lo más importante y pesado, cuando llegue el bajón de energía podremos pasar a otro tipo de tareas más sencillas y rápidas de hacer. También puedes controlar el tiempo de trabajo y proponerte espacios de tiempo de labor y otros de descanso. Si sabes que en los próximos 30 minutos debes realizar una tarea y después podrás descansar un rato, tu energía se distribuirá en consecuencia y te centrarás más en la actividad que desarrolles. Y procura hacer sólo una cosa cada vez. En ocasiones, me pongo en modo multitarea y termino por contestar e-mails, escribir abrazos, corregir textos, editar imágenes y actualizar las redes sociales todo al mismo tiempo. El resultado es que no puedo dar el 100% de mí en cada tarea que he realizado y luego, inevitablemente, debo dedicar más tiempo en repasar el trabajo hecho para asegurarme que mi multiplicación laboral no haya hecho estragos.

Otro aspecto muy importante para dejar a un lado el Síndrome del Sacapuntas es investigar la parte emocional de todo el proceso. ¿Por qué no estoy haciendo lo que realmente tengo que hacer? ¿Es por pereza, miedo, estrés, presión o perfeccionismo? Entender mis sentimientos es uno de los primeros pasos para encontrar la solución de mi procrastinación. Pero hay que ser verdaderamente sinceros porque, si no, corremos el riesgo de autoengañarnos. He llegado a encontrar justificaciones tremendamente rebuscadas para situaciones en las que, en realidad, lo que me pasaba es que no tenía ganas de hacer nada. Una vez sé lo que me está pasando… ¡a afrontarlo! Cuando somos conscientes de lo que está pasando sólo nos queda comprometernos y ponerle solución. Además, haciéndolo así seremos más fieles a lo que de verdad siente nuestro corazón.

La distribución del tiempo es clave. Más allá de la organización dentro de la propia tarea, es muy importante fijarse plazos para cumplir con ellas. ¿No te ha pasado nunca que, cuando otras personas te piden que hagas algo para un día en concreto, aunque sea muy laborioso o tengas pocas ganas, lo tienes hecho justo para cuando lo necesitaban? La presión de la entrega final puede ayudarnos a espabilarnos y ponernos a trabajar cuando debemos hacerlo. Pero, también, tenemos que aprender a tomarnos tan en serio nuestros propios plazos como lo hacemos con los que nos establecen los demás. Si no, corremos el riesgo de volvernos tremendamente flexibles (y quizás ahí aparezca el apoyo de alguna u otra justificación autoengañadora). También puede alejarte de la procrastinación decidir cuándo vas a realizar la tarea que te propongas. Saca la agenda, busca día y hora y reserva ese espacio para hacer lo que de verdad quieres hacer. Y no se trata solamente de guardar espacio para el trabajo, también es muy importante respetar los momentos de descanso y de diversión.

Y hasta aquí la primera parte de Cómo superé el Síndrome del Sacapuntas (Parte I). Si quieres descubrir más consejos para conseguir, al fin, alejar la procrastinación, ¡no te pierdas Cómo superé el Síndrome del Sacapuntas (Parte II)!

¿Qué estrategias utilizas tú para combatir el Síndrome del Sacapuntas?

Te escribo un gran abrazo,

Maria

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4 comentarios sobre “Cómo superé el Síndrome del Sacapuntas (Parte I)

  1. ¡Hola, Maria!

    Sin duda, ¡un artículo interesantísimo! La próxima vez que tenga el Síndrome del Sacapuntas, usaré tus consejos para superarlo. Estoy impaciente ya por leer la segunda parte. Por cierto, en mi caso, lo que hago cuando siento la necesidad de sacar punta a los lápices es realizar pequeñas tareas previas relacionadas para tener la sensación de que voy avanzando rápidamente.

    Muchas gracias por un artículo tan genial.
    Un abrazo,
    Marc

    • ¡Hola, Marc!

      ¿Así que eres un sacapuntero también, jeje? Gracias por tu consejo, creo que es una gran idea empezar a entrar en materia con pequeñas tareas que nos resulten más sencillas que la tarea madre, así cuando nos pongamos manos a la obra, ya habremos avanzado un buen trecho del camino y, además, quedarán menos cosas por hacer.

      ¡Muchas gracias por estar siempre!

      Te escribo un abrazo grandote, grandote :)

  2. Estoy convencida de que aplicando estos pasos la tarea se hace más llevadera y llegaré a tiempo con todo lo que tengo para hacer entre manos!!! Pero lo admito me encanta sacar punta a los lápices por más que no lo necesiten. Soy una experta!!!! Un abrazo enorme Maria!!!!

    • ¡Qué bien! Me alegro de que estos pasos te ayuden a alcanzar todo aquello que te propongas :) El próximo abrazo escrito viene cargadito de más consejos para poder terminar con el Síndrome del Sacapuntas (aunque yo también debo reconocer que sigo sacando punta y a veces me cuesta dejarlo, jeje) 😛

      ¡Muchas gracias por tus palabras!

      ¡Un abrazo grande, grande!

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