Cómo conocí a Albert Espinosa

Albert Espinosa
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Acababa de aparcar la bicicleta al lado de la entrada de la Universidad cuando me di cuenta de que, si no me daba prisa, llegaría tarde al trabajo de becaria que había conseguido hacía unas pocas semanas. Tardaba aproximadamente tres minutos y medio en recorrer caminando el laaargo pasillo que atravesaba el ala este de la Facultad de Humanidades y esa mañana me quedaba poco más de un minuto antes de que sonase la campana que indicaba el inicio de las clases. Entré velozmente, cogí un periódico del montón que siempre dejaban al lado de la puerta y aceleré mis pasos hasta convertirlos en un caminar muy rápido, que no un correr verdaderamente lento. Siempre aprovechaba ese recto y largo trayecto para echar una ojeada a las páginas de las secciones que me gustaban, las de las entrevistas y las noticias bonitas. Pero mi erróneo cálculo en mis tareas matutinas me había privado de mi querido hábito. ¡En fin!

Terminé de trabajar unas cuantas horas después y, al recoger todas mis cosas, me di cuenta de que no había leído (bueno, ojeado) el periódico aún. Decidí invertir mi hábito y mirarlo mientras deshacía el trayecto desde la oficina donde trabajaba hasta la puerta de la entrada. Y en uno de esos tres minutos y medio que duraba el camino lo descubrí. Ahí estaba, Albert Espinosa. Él y toda su magia llegaron a mi vida a través de una pequeña entrevista que no terminaba de ocupar toda la página. Como por casualidad, como si el destino lo hubiera querido así o como si la vida hubiera esperado el momento perfecto para presentarme a alguien tan especial como él a través de las palabras. Me senté en una de las escaleras y alargué mi habitual trayecto algo más de diez minutos. Sin duda alguna, esa entrevista cambiaría muchas cosas en mi vida.

Pero, ¿esta es la historia de cómo conocí a Albert Espinosa? No, esta es la parte de la historia de cómo lo descubrí. Para que te hagas una idea de la importancia que tuvo para mí ese encuentro entre páginas, debo contarte que hacía relativamente pocos años que había superado un cáncer y que durante todo ese tiempo nunca había escuchado (o leído) a nadie que hablase con tanta naturalidad y positividad de ello. Mi experiencia fue dura pero muy bonita y desde el día que me dijeron que tenía un Linfoma de Hodgkin, empecé a vivir situaciones muy mágicas. Encontrar a alguien que más allá de las quimios, el malestar, la angustia y de todo lo malo que se pasa teniendo un cáncer, se centrase en hablar de lo bueno, de la vida, de la magia, de lo aprendido y de las experiencias increíbles que se viven, fue un auténtico regalo para mí. No se trataba de olvidar los peores momentos, de hacer como que no existieron… Se trataba de no olvidar los mejores momentos y de compartirlos porque también existieron.

Así que ahí estaba yo, sentada en mitad de las escaleras y alucinando completamente con cada una de las palabras que estaba leyendo: sueños, amarillos, creer, luchar, felicidad, perder, ganar, vivir. Descubrir su historia fue la introducción a un mundo increíble lleno de libros únicos, pelis inolvidables y una gran serie. Pero antes de todo ello hubo una idea que encontré en esa entrevista que es bastante clave en esta historia y que pasé por alto, aunque no sé cómo se escondió muy dentro de mí. Resulta que Albert Espinosa busca cada año 12 perlas en forma de personas que, al conocerlas, paran su mundo. ¿Alguna vez has encontrado personas así? La verdad es que en ese momento, y con todo lo que había leído, ni me lo planteé, así que esa idea quedó en un segundo plano y no reparé mucho en ella durante un largo tiempo. Concretamente pasaron un par de años.

Estaba caminando tan tranquilamente por las calles de Barcelona cuando, de repente, lo vi clarísimo. Ese año conocería a Albert Espinosa. Bueno, más que verlo en plan pitonisa, lo sentí así. Ese año lo conocería, aunque no tenía ni idea de cuándo, ni dónde, ni cómo. No es que me propusiera buscar esas 12 perlas ni que quisiera que él fuese una de ellas, sino que, más bien, vino a mí la idea de que a lo largo de nuestra vida se cruzan personas tan increíbles que no las olvidaremos nunca. Una de esas personas en mi vida era Albert Espinosa y en ese momento me di cuenta de que lo conocería.

Sé que contado de esta manera parece más una iluminación divina de película que la realidad, pero pasó así. Y no es la única vez que he sentido tal seguridad que, al final, aquello que parecía una inspirada idea terminaba convirtiéndose en verdad. Es esa sensación que los soñadores sienten cuando saben que, paso lo que pase, conseguirán cumplir su sueño y es una emoción increíble.

No pasó mucho tiempo hasta que se me presentó la primera oportunidad. De hecho, en aquel momento ni siquiera sabía que era una oportunidad pero así fue. Descubrí por casualidad que buscaban figurantes para la segunda temporada de Polseres Vermelles (serie de la que soy tremendamente fan y de la que, sin duda, algún día te hablaré). Como manera de agradecer el apoyo de los seguidores, la productora pensó que podría invitar a aquellas personas a las que les gustaría participar en la grabación. Si te inscribías y tenías el perfil que buscaban para la escena que querían grabar, ¡formarías parte de alguna escena de algún capítulo de la mejor serie del mundo mundial! Así que no lo dudé ni un momento y convencí a Marc, a mi hermano y a mi madre para que fuéramos allí (podéis vernos actuando como una auténtica pareja hollywoodiense a Marc y a mí en el minuto 6:11 del primer capítulo de la segunda temporada y muy de refilón también sale mi madre y mi hermano, jeje). No sabía quién estaría ni quién participaría, pero tenía tantas ganas de ir, que tampoco pensé mucho si ese día conocería a Albert Espinosa. Para resumir: la experiencia fue genial, nos lo pasamos en grande y ¡me hice una foto con él!

Albert Espinosa Escribiendo un abrazo

Pero, ¿esta es la historia de cómo conocí a Albert Espinosa? No, esta es la parte de la historia en la que me di cuenta que hacerse una foto con él no era conocerle. Vaya… Que con la emoción del momento y el impacto de verle en directo no me dio para más que para decirle “¿Podemos hacernos una foto?”. Buff, mal, mal. ¿Ese momento era el sentimiento tan claro y seguro que tuve en mitad de Barcelona cuando supe que lo conocería? Tenía la sensación de que no. O mi sentimómetro estaba un poco escacharrado o aún no había llegado el momento de conocerle. Era Junio, así que aún tenía medio año más por delante.

Y pasaron los días, las semanas y los meses y llegó Diciembre. Aunque seguía sintiendo que ese año lo conocería, mi cabecita empezaba a dudar un pelín de si realmente pasaría. Tampoco es que idease ningún plan ni me propusiera hacer nada extraordinario para conseguirlo. Sentía que, de alguna manera, pasaría y que la vida ya encontraría el mejor momento y lugar.

Y ese momento y ese lugar llegaron y no podía imaginar que sería en ese momento ni en ese lugar. Y es que las personas especiales llegan así, justo cuando parece imposible, justo cuando más las necesitas. ¿Por qué necesitaba conocerle en ese preciso momento?

Hacía cuatro años que estaba totalmente recuperada del cáncer. Todas y cada una de las pruebas y controles que me habían hecho habían salido perfectas siempre y, ese diciembre, como todos los finales de año, tocaba de nuevo hacer la revisión. El proceso era cada vez el mismo: inyección, reposo, prueba y para casa. Pero esa vez no fue así. Inyección, reposo, prueba y… espera un momento que tenemos que repetir. Me pidieron que cambiara la postura y estuvimos un buen rato volviendo a hacer la prueba. Al terminar, aunque el nudo que tenía en la garganta era enorme, me atreví a preguntar qué había pasado. La respuesta del técnico fue que mi doctor ya me lo explicaría. Como era Diciembre y se acercaba Navidad, no tenía cita hasta después de vacaciones y, lejos de tranquilizarme, escuché un: “Ui, ¡no, no! Llama y que te den hora para la semana que viene”. Así que, así lo hice, y empezaron los 10 días más ansiosos y angustiosos de mi vida.

Lo reconozco, no soy una buena esperadora. Ante situaciones como esta necesito hacer algo y lo único que podía hacer en esa ocasión era esperar. No recuerdo haber sentido tanta ansiedad en mi vida, ni siquiera cuando me dijeron que estaba enferma. Pasé esos días como pude, distrayendo la mente, aunque notaba el latido de mi corazón tan fuerte como si estar dentro de mí lo presionase demasiado. De repente, entre medio de toda esa extraña experiencia, apareció por sorpresa un sorteo para ir a la rueda de prensa de la obra de teatro que próximamente estrenaba Albert Espinosa. ¿Ganas de salir de casa? Cero. ¿Posibilidades de que tuviera la suerte de que me volviera a tocar después de haber ido a la grabación de la serie? Pocas. Aún así, quizás porque en el fondo era más fan que ansiedad, decidí rellenar el formulario y enviarlo. ¡A los pocos días recibí dos invitaciones!

Por aquel entonces era voluntaria de uno de los lugares más mágicos del mundo, la Casa Ronald McDonald de Barcelona, y le pregunté a Marta, una gran compañera, si querría ir. Me dijo que sí y nos fuimos las dos al Campo del F.C. Barcelona donde se celebraba la presentación. Había muchísima gente y, aunque estábamos casi en la última fila, pudimos distinguir en el escenario a Albert Espinosa hablando de su obra. Una vez terminó, teníamos ganas de acercarnos a saludarlo pero con toda la gente que había allí era imposible. Al poco rato, tanto él como los actores de la obra salieron por una pequeña puerta a la que no teníamos acceso. No eramos nada VIP, jeje. Repensé que quizás la foto que nos hicimos en verano valdría como “conocernos”. Pero sabía que no, que no valía.

Además de la rueda de prensa, la organización nos ofreció la posibilidad de visitar el estadio y aprovechamos para dar una vuelta por allí. Muy a lo lejos, los participantes de la obra estaban en un tour aparte. De nuevo, imposible acceder a ellos. Al final, decidimos resignarnos y terminar de dar nuestra vuelta por el campo. Después de que el señor de seguridad nos indicase, subimos el ascensor para llegar a las gradas de arriba. Ya estábamos a un paso de salir cuando vimos que Albert Espinosa estaba en el mismo lugar en el que habíamos estado nosotras hacía unos escasos minutos. ¿Podríamos bajar allí?

Entramos en el ascensor velozmente sin dudar ni un segundo y bajamos mientras pensábamos qué podríamos decirle al señor de seguridad para traspasar su frontera. La mente de Marta fue rápida y propuso explicarle que habíamos perdido un guante. ¡Genial, funcionó! Así que nos apresuramos a bajar por si el buen hombre se lo pensaba mejor.

En mitad de nuestra “búsqueda” del guante pasó, ¡conocimos a Albert Espinosa! Estuvimos hablando con él y fue un verdadero encanto. Antes de irnos, mi angustiado corazón me recordó el momento que estaba viviendo. Me di la vuelta y le pedí si podíamos hablar un minuto a parte. Accedió y no le hizo falta escuchar mucho de mi historia para darme un graaan abrazo. En ese momento mi angustia bajó a niveles más que aceptables y me sentí realmente feliz. Reviví el gran descubrimiento que había hecho hacía unos cuántos años atrás en aquella entrevista con cada una de las palabras que me estaba regalando en ese momento. Me aseguró que todo saldría bien y así fue. Cuando vi al doctor días después me dijo que la prueba había salido perfecta, como siempre, y que no sabía por qué me habían pedido que adelantase la visita. ¡Seguía (y sigo) fuerte como un roble centenario!

Esta sí que es la historia de cómo conocí a Albert Espinosa y, aunque nos cruzamos posteriormente dos veces más, el momento en el que nos conocimos fue, sin duda, en ese abrazo que compartimos.

Albert Espinosa escribiendo un abrazo Barcelona

Cuando una persona realmente especial se cruce en tu vida, no dejes que se te escape. Y por escapar no me refiero que tengan que estar a tu lado para siempre, porque estarán el tiempo que deban estar, sino que no te des cuenta de lo increíbles que son. Muchas veces nos centramos tanto en cosas sin importancia que nos perdemos verdaderas perlas y es una auténtica pena. Conocer a Albert Espinosa ha sido una experiencia inolvidable, no por ser famoso o por haber creado Polseres Vermelles, sino porque para mí es una de las pocas personas que ha sabido poner en palabras lo que he sentido durante un momento muy especial. Si encuentras alguien así, una persona capaz de conectar contigo de corazón a corazón, no dejes pasar la oportunidad y recibe el regalo que te está dando la vida al poneros en el mismo momento y lugar.

Te escribo un abrazo,

Maria

Cuando una persona especial se cruce en tu vida, no la dejes escapar Click Para Twittear

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10 comentarios sobre “Cómo conocí a Albert Espinosa

    • Ooooh, ¡muchas gracias, Begoña! 😀 Me alegro mucho de que te haya gustado este post y su mensaje. Para mí ha sido un placer poder compartir con todos vosotros un pedacito de mí a través de la aventura de conocer a Albert Espinosa, jeje 😉 Por muchos motivos, fue un momento muy importante de mi vida y me alegro mucho de haberlo revivido en el blog y junto a vosotros.

      ¡Gracias por tus palabras, Begoña!

      ¡Te escribo un abrazo enorme!

  1. ¡Hola, Maria!
    Una historia realmente fantástica y muy bonita. Transmites mucha fuerza y haces sentir que todo es posible, aunque ahora mismo no sepamos cómo hacerlo. Y, ¿sabes qué? Yo también tengo una persona muy especial que es mi perla: ¡tú!
    Estoy muy feliz de que estés aquí compartiendo conmigo estas increíbles historias de tu vida.
    ¡Te quiero mucho y te escribo un gran abrazo!
    Marc

    PD: sin ninguna duda, una gran actuación la de esa escena 😉

    • T’estimo moltíssim, Marc!!! 😀

      ¡Gracias por ser el corazón de mi vida y por estar a mi lado! Conseguiremos todo aquello que nos propongamos, cumpliremos un montón de sueños y sé que lo haremos siempre juntos 😉 ¡GRACIAS por hacerme tan feliz!

      ¡Te escribo el abrazo más especial de toooodos!

      La teva Maria 😀

      PD: Siii, nuestra gran actuación convirtió esa escena en la mejor de la serie 😛 ¡Muuuuacks!

  2. hola Maria!! increible y magica historia. yo vi tambien la serie de pulseras amariilas y cada secuencia me vi reflejada en mis estancias de hospital, y no, no tengo cancer, pero llevo arrastrando mi enfermedad desde los 11 años con multitud de ingresos, pruebas, millones de pinchazos.. y aun asi, el hospital donde he pasado por todo ello, (Cruces, Bilbao )le tengo un cariño especial, porque solo recuerdo las risas y el cariño con el q me trataron. por todo ello esa serie fue muy muy especial para mi. ( tb me hubiese encantado participar de extra… las cicatrices no me las tendrian q haber pintado!! jajaja)
    Despues de mi cuatro trasplantes renales y en espera del 5º mi cuerpo esta ya para pocas ilusiones y sueños para cumplir ( no soy pesimista, soy realista) pero siempre hay alguna ilusion rondando por la cabeza,, una de las mias es PODERTE DAR UN GRAN ABRAZO. estoy segura, como tu lo estuviste de conocer a Albert.. de que ALGUN DIA TE LO DARÉ.
    un besazo

    • Jooo, Sther, ¡qué bonito! Seguro que algún día podremos darnos ese gran abrazo 😀 ¡Qué ilu!

      Muchísimas gracias por compartir un pedacito de tu historia con nosotros, ¡eres una auténtica luchadora! Y no me cabe ninguna duda de que con toda tu fuerza conseguirás todo aquello que te propongas. Me alegro mucho de que, a pesar de haber vivido una dura experiencia, al final tengan más peso las risas y el cariño que has recibido :)

      ¡Un abrazo escrito graaaande grande, Sther!

  3. Una historia preciosa!! Maria esa sensación tuve yo contigo al leerte por primera vez! Me preguntaba como alguien tan lejano en distancia, podía llegar a mi con tal cercanía.. Desde entonces sentí como bien describes, la clara sensación de soñadora de que un día te conoceré! A pesar de que en este caso, siento que te he conocido ya.. Que tía más Grande, no me canso de decirlo! Muuuuuuuuuackkk

    • Aiii, Sonia, ¡muchísimas gracias por estas palabras tan bonitas y llenas de tanto cariño! ¡Eres un auténtico amor y me alegro muchísimo de haberte encontrado! 😀 Jooo… ¡No sé qué decir! Has hecho sonreír mi corazón y me hace muy feliz saber que, a pesar de la distancia, hemos podido conectar a través de los abrazos escritos como si nos conociéramos desde siempre 😉

      ¡Seguro que nos conoceremos (en persona) algún día! 😀

      ¡GRACIAS por ser una persona tan bonita!

  4. Hola María,
    una historia absolutamente perfecta. Describes un pedacito de tu vida con tal fuerza que he ido contigo al rodaje, a la universidad y he abrazado contigo a Albert.
    Mil gracias por compartir tus palabras.

    • ¡Oooh, Séfora! ¡Muchas gracias! 😀 ¡Qué ilusión saber que a través de este abrazo escrito me has acompañado a tantos sitios! La verdad es que siempre será una historia que guardaré con muchísimo cariño por todo lo que he aprendido mientras la he ido viviendo :)

      Me alegra mucho saber que te ha gustado y que la hemos compartido, ¡qué bonito!

      Te escribo un gran abrazo 😉

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