¿Caminas feliz?

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Desde hace algunos días voy observando detenidamente el andar de la gente. Mientras paseo, más allá de disfrutar del paisaje, me fijo en cómo las personas se mueven de aquí para allá, poniendo mi atención en el ritmo de sus pasos, en si tienen prisa, en su expresión… Decido conocer un poquito más a mis compañeros de camino con los que quizás no comparto más que un pequeño instante en el que nos cruzamos y, por un momento, pisamos la misma baldosa de la calle. Aunque el tiempo de vida que pasamos juntos sea muy cortito, me encanta descubrir qué transmiten sus andares y estoy más que dispuesta a escuchar lo que paso a paso tienen que decirme. Así que me propongo conocer y aprovecho con ganas la oportunidad que me da el mirar a los demás.

Pero, tras un tiempo observando, descubro, muy a mi pesar, que no tenemos un caminar feliz… La mayoría vamos con prisas a todos los sitios pero parecemos cansados y sin energía. Los que no estamos estresados moviendo rápidamente los brazos, desparramamos nuestro cuerpo sobre cada paso como si llevarnos a nosotros mismos fuera una carga mayor de la que pudiéramos soportar. No hay apenas sonrisas, ni alegría. Los rostros son serios, con el ceño fruncido, la mirada pequeña y una mueca en forma de “u” invertida bajo una nariz encogida. Los hombros están tensos y tremendamente rígidos, llevando el peso de historias sin fin y sentimientos por digerir. Y caminamos muy encorvados, como si sólo nos centrásemos en mirarnos nuestro propio ombligo. ¿Una persona feliz caminaría así?

Creo que nuestros andares son un claro ejemplo del ánimo general que tenemos como sociedad y, tristemente, no es un andar feliz. Son muchos los motivos que pueden influir en nuestra manera de caminar, desde el tremendo calor del verano hasta un dolor en la espalda que nos hace acompañar cada paso con un pequeño “¡Ay!”. Pero más allá de lo que podamos observar a simple vista y que pueda terminar siendo una cuestión circunstancial, la sensación que desprendemos al caminar no es de felicidad. Al contrario. Parece que nos movemos obligados, desganados y sin esa chispa que sin duda la vida requiere para sentirla con total intensidad. Quizás existe la posibilidad de que interiormente estemos genial, pero creo que en cuestiones del caminar, se aplica a la perfección aquello de “el andar es el reflejo del alma”. Si nuestros propios pies no pisan con decisión cada paso del camino que estamos viviendo, ¿cómo puede hacerlo nuestro corazón?

Ser feliz no es sólo una simple decisión, sino que debemos poner todo de nuestra parte y pasar a la acción. Y, para ello, necesitamos sí o sí un andar decidido, libre de cargas innecesarias y lleno de energía. Necesitamos saber a dónde queremos ir y de qué manera lo haremos y, sobre todo, debemos transmitir en cada paso lo que sentimos por dentro. Si perseguimos nuestros sueños, queremos disfrutar de la vida o lo que buscamos es la felicidad, no debe quedar ninguna duda de ello, incluso en nuestra manera de caminar.

Y nuestros pasos invitarán a los demás a hacer lo mismo. Porque nos inspiramos de todo aquello que nos rodea y cuando vemos a alguien que sigue su corazón, nos entran unas ganas enormes de hacerlo también y decidirnos de una vez a luchar por aquello que desde siempre nos hemos propuesto conseguir. Esa conexión que se crea cuando nos sentimos inspirados por la determinación y la ilusión de otra persona es la misma que sentimos cuando miramos a un bebé. Su ternura y amor nos hacen sonreír de repente, sin importar si en ese momento no nos sentíamos del todo bien o estábamos teniendo un día gris. Con ese pequeño gesto, nuestro corazón sonríe y recuerda que deberíamos dejar de lado aquello que no nos hace bien para dirigirnos directamente hacia nuestra felicidad. Si un pequeñín lo sabe y puede transmitírnoslo con tan sólo una mirada, nosotros (los mayores) no lo deberíamos haber olvidado nunca. Este tipo de recuerdo esencial es también el efecto que causa el caminar feliz en otras personas.

Por eso, la próxima vez que salgas a la calle, sonríe. Inspira profundamente y siente en la cara esa cálida brisa que te da la bienvenida al nuevo camino que acabas de empezar con ese primer paso. Abre los brazos de par en par para abrazarlo todo y dejar que te abrace a ti también. Disfruta del camino y déjate sorprender cada día por lo cotidiano y por lo inesperado. Desea los buenos días a aquellas personas con las que te cruces y, si alguien está más serio de lo normal, guíñale el ojo, sonríe aún más grande o dile algo especial. Al final, de lo que se trata es de causar ese efecto que quieres ver cada vez que te cruzas con los demás. ¿A quién no le gustaría recibir esos pequeños detalles que te cambian el día y te hacen caminar más feliz?

Elige qué camino quieres seguir y llénalo de pasos alegres, bailarines, inspiradores y felices. Y, sobretodo, que la chispa de la vida te acompañe siempre.

Te escribo un abrazo,

Maria

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4 comentarios sobre “¿Caminas feliz?

  1. ¡Hola, Maria!
    Un artículo muy bueno, como siempre. Es verdad que parece que la gente camine sin alegría, como si llevaran una carga muy pesada. A partir de ahora me fijaré mucho más en la forma de caminar, ¡y en la mía también! Como bien dices, si estamos felices nuestra forma de caminar también debería reflejarlo y reforzarlo.
    Gracias una vez más por compartir esos detalles que hacen que nuestra vida sea mejor.
    Te escribo un gran abrazo, 😀
    Marc

    • ¡Hola, Marc! 😀 ¡Qué alegría saber que te ha gustado el abrazo y que a partir de ahora te fijarás más en tu manera de caminar para que exprese cómo te sientes :) Estoy segura de que darás un montón de pasos felices y que con ellos inspirarás a otras personas que puedan estar caminando un pelín más apagados.

      Me encanta leer tus comentarios, ¡GRACIAS por estar siempre!

      Te escribo un gran abrazo,

      Maria

  2. Caminar es una actitud en la vida!!! Es muy bonito este artículo Maria y creo que lo que dices es verdad, los andares de una persona muestra lo que hay en su interior, por ello es importante tener una actitud positiva y los andares serán bellísimos!!!!!!

    • ¡Hola, Claudia!

      ¡Me encanta lo de que “caminar es una actitud en la vida”! A por esa actitud positiva que se refleje en un bonito andar :)

      Me alegro mucho de que te haya gustado este abrazo 😉 ¡Gracias por tu comentario y por estar siempre por aquí!

      ¡Besos!

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